“El Movimiento Nacionalista Dominicano Contra la Ocupación Militar Norteamericana, 1916-1924”.

Palabras del Dr. Eduardo J. Tejera en la Puesta de Circulación de su Obra

“El Movimiento Nacionalista Dominicano Contra la Ocupación Militar Norteamericana, 1916-1924”.

Academia Dominicana de la Historia

23 de noviembre de 2016

 

 

Dra. Mu-Kien A. Sang Ben,

Presidente de la Academia Dominicana de la Historia,

Lic. Adriano Miguel Tejada, Vicepresidente,

Dr. Manuel García Arévalo, Tesorero,

Distinguidos Miembros de Número, Correspondientes y Colaboradores,

Señoras y Señores.

Antes que nada deseo dar las gracias a esta benemérita casa de estudios por permitirme poner en circulación en esta noche una obra que narra una época trascendental de la historia dominicana. Deseo extender mi primera gratitud a nuestra presidente de la Academia, la Dra. Mu-Kien A. Sang Ben, a los distinguidos miembros de la Junta Directiva, y en especial al amigo Dr . Manuel García Arévalo, quien ha presentado el libro con generosas palabras y con una buena y equilibrada síntesis de los temas e informaciones. Igual deseo darles las gracias a todos los presentes en esta noche, por acompañarnos en este evento tan importante para mí. A todos muchas gracias.

En esta obra titulada Movimiento Nacionalista Dominicano contra la Ocupación Militar Norteamericana del 1916-1924, narro la historia de la más formidable campaña nacional e internacional que se conozca en nuestra historia, la cual fue desplegada por un selecto grupo de patriotas para reclamar y exigir el retiro de las tropas norteamericanas del país y el regreso a la soberanía dominicana. En este año precisamente se cumple el Centenario de la Ocupación de la nación que ocurrió en 1916, lo que constituyó una dolorosa y oscura etapa de la historia nacional. Este período también representó un nefasto capítulo de la política exterior de Estados Unidos, que invadieron e impusieron un gobierno militar dictatorial durante ocho años, hasta que surgió un Gobierno dominicano electo en 1924.

Al principio de la obra se describen los graves e inestables sucesos políticos, las equivocadas políticas económicas y el excesivo endeudamiento externo patrocinados por Buenaventura Báez y Ulises Heureaux (Lilís), que de forma desbordada y corrupta hipotecaron a la nación y la colocaron en un camino previsible hacia el desastre, desde 1868 hasta concluir el Siglo XIX. La quiebra financiera del país, fue ocasionada por los excesos de préstamos y bonos con la Harmont, Westendorp y al final con la Improvement Company. 

Este dramático proceso terminó en varias renegociaciones y ajustes de deudas conocidos, como el Protocolo, el Laudo Arbitral, el Modus Vivendi, el Ajuste de Deuda, y la Convención Domínico-Americana del 1907. Éste último dramático Convenio impuso un protectorado financiero al país, mediante el cual, el Gobierno confirmó la entrega del control y administración de la recaudaciones arancelarias a la Receptoría General de Aduanas, dirigida un Receptor, designado por el Gobierno norteamericano. Esta protectorado financiero se prolongó hasta la firma del Tratado Trujillo-Hull en 1940. 

En el libro se describen los numerosos Gobiernos de caudillos, dictadores y presidentes efímeros que se sucedieron del 1900 al 1916 los cuales mantuvieron a la nación en permanente inestabilidad y desorden. Consideramos que el desorden político y financiero que predominó durante estos caóticos años colocaron al país en una situación de gran fragilidad y división interna, la cual fue aprovechada por el naciente expansionismo norteamericano que deseaba controlar la región del Caribe, como parte de su estrategia geopolítica. Estimamos, que la funesta etapa caracterizada por los levantamientos y constantes revoluciones realizados por los caudillos, la soldadesca del Concho Primo, crearon las condiciones domésticas propicias que acabaron de empujar la ocupación externa. 

Pero desde el principio de la Ocupación Militar en 1916 en adelante, las actuaciones y grandes campañas nacionalistas fueron realizadas por un puñado de patriotas en Estados Unidos, Centro y Sur América, Europa y en el país. El grupo de los nacionalistas, compuesto internamente por la Unión Nacionalista Dominicana y en el exterior la Comisión Nacionalista, representó la más agresiva, coordinada y efectiva campaña de presión internacional contra la Ocupación Militar. Representan las acciones más brillantes de la diplomacia informal dominicana. 

Desde que los norteamericanos ocuparon militarmente al país, mediante la Proclama del 29 de noviembre de 1916, eliminaron el Gobierno Provisional del Presidente Dr. Francisco Henríquez y Carvajal y al mismo tiempo el Capitán H. S. Knapp se constituyó en Gobernador Militar, que de inmediato impuso la total censura y desplegó una férrea represión interna para controlar y pacificar el país con toda la fuerza militar.

El movimiento nacionalista comenzó sus trabajos políticos en el plano internacional, primero en Cuba, y después en Estados Unidos, Hispanoamérica y varias ciudades de Europa. El líder y alma de este movimiento nacionalista fue el Dr. Francisco Henríquez y Carvajal, último Presidente Provisional en el 1916. Formaron parte inicial de este selecto grupo: Don Federico Henríquez y Carvajal, su hermano, su hijo Max Henríquez Ureña, el escritor Tulio M. Cestero, el poeta Fabio Fiallo y su hijo René, Enrique Deschamps, Manuel M. Morillo, Rafael C. Tolentino, Manuel F. Cestero, M. Flores Cabrera, Fernando Abel Henríquez, Emiliano Tejera, Américo Lugo y muchos otros dentro y fuera del país.

En Santiago de Cuba, Francisco Henríquez y Carvajal y sus amigos crearon en el 1918 el primer Comité Pro Santo Domingo, presidido por el empresario y amigo personal de Henríquez y Carvajal, Don Emilio Bacardí y muchos intelectuales y políticos que apoyaban la causa dominicana. Enseguida en La Habana a principios de 1919, se creó otro Comité Pro Santo Domingo, presidido por el ilustre escritor y filósofo Enrique José Varona y en el cual formaron parte las más notables personalidades políticas e intelectuales cubanas. Posteriormente, se crearon también los primeros Comités en Nueva York y la famosa Comisión Nacionalista Dominicana, que desempeñó la campaña diplomática principal y más sistemática, en Washington, Nueva York, en Latinoamérica y en Europa. 

Después de la Primera Guerra Mundial, se creó en Santo Domingo la Unión Nacional Dominicana en febrero de 1920, presidida por Don Emiliano Tejera y vicepresidente Enrique Henríquez, acompañados del Dr. Américo Lugo, Andrés Pérez, Antonio Hoepelman, Fabio Fiallo, Armando Pérez Perdomo, Manuel Arturo Machado y otros. Se crearon igual Juntas Patrióticas regionales, y Juntas de Damas, que desempeñaron una gran labor proselitista en los centros de poder de los Estados Unidos para crear conciencia y entusiasmo a favor de la soberanía nacional y enseñar al pueblo norteamericano la gran injusticia cometida por su Gobierno al invadir y gobernar a un país pequeño en contra de su voluntad.

La intensa labor de la Comisión Nacionalista de denuncias, presiones y cabildeos internacionales fue vital para movilizar la opinión pública y política en Estados Unidos y en toda Hispanoamérica. Don Federico Henríquez y Carvajal y su sobrino Max Henríquez Ureña, y después Tulio M. Cestero, comisionados por la Comisión Nacionalista con instrucciones especiales viajaron a Río de Janeiro, Buenos Aires, Montevideo, Santiago de Chile, Lima, y se reunieron en audiencia con los Presidentes de cada país, los Cancilleres, políticos e intelectuales, buscando el apoyo y nuevas acciones para condenar la ocupación y presionar a Washington, para que se retirara del país y volviera a instalarse un gobierno dominicano libre y soberano. Esta fue una labor formidable diplomática en el 1920 y principios de 1921. 

La campaña nacional e internacional penetró en los poderes políticos de Estados Unidos, hasta que el presidente Wilson presentó su primer plan de desocupación, que por ser todavía limitado, fue rechazado. Después miembros de la Comisión Nacionalista influyeron en la campaña electoral a la presidencia de Warren G. Harding en 1922, y éste prometió en un discurso sacar las tropas del país si ganaba las elecciones. Una vez se juramentó, Harding presentó la segunda propuesta modificada, conocida como el Plan Harding, que sirvió de base para la negociación definitiva del Lic. Peynado.

En el libro se describen todas las actividades del movimiento nacionalista en el exterior y en el interior de la nación. Se presentan muchos informes y cartas, algunos publicados en pocos libros de la época, y otros son nuevos documentos inéditos encontrados en la valiosísima Colección Tulio M. Cestero, que se encuentra en la Biblioteca Pedro Mir, de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Además, hemos investigado en libros y de testimonios originales publicados por diversos autores de la época. 

En la obra se anexan varios valiosos informes y cartas al presidente Woodrow Wilson y al Secretario de Estado de Estados Unidos, escritos por Tulio M. Cestero y al líder sindicalista de la American Federation of Labor Samuel Gompers, gran amigo de la causa dominicana y una importante carta del mismo Gompers a Wilson solicitando una investigación y el retiro de las tropas del país. Se presentan también diversas cartas y propuestas a los presidentes Wilson y Warren Harding y al Departamento de Estado escritos por el Francisco Henríquez y Carvajal, Tulio Cestero y después por Francisco J. Peynado, arquitecto final del Convenio Hughes-Peynado de 1922. 

La inteligente y sagaz labor diplomática del Lic. Jacinto J. Peynado, que logró recabar el apoyo y firma de los principales líderes políticos, culminó en el Convenio Hughes-Peynado de 1922, en el cual se pactó el plan de Desocupación y el establecimiento de un Gobierno Provisional dominicano. Sin embargo, el ala radical del movimiento nacionalista, los que abogaban “por el retiro puro y simple” no aceptaron el Convenio Hughes-Peynado y continuaron una campaña en contra las elecciones y la desocupación.

 No obstante, las divisiones al final, somos de opinión que la dedicada campaña del líder del grupo, Francisco Henríquez y Carvajal y los demás nacionalistas, fuera y dentro del país, representa uno de los más brillantes episodios de la historia dominicana. Estos hombres, apoyados con pocos recursos de donaciones, sacrificando sus vidas, nunca pararon de trabajar, cabildear y de crear un eficaz vehículo de negociación diplomática-política.  

Es mi interés que se conozca y aprecie el formidable trabajo de este selecto grupo de personalidades del movimiento nacionalista, los cuales realizaron una incesante campaña hasta lograr la desocupación estadounidense del país en 1924. Espero que la obra también sirva de lección y recordatorio a la clase política y las élites nacionales, que deben cuidar de nunca colocar a la nación en una situación vulnerable y débil por las ambiciones de poder, el descalabro de las finanzas públicas y por endeudar a la nación hasta límites excesivos, hasta que llegue otro día de derrumbe político nacional. 

Muchas gracias, 

Eduardo J. Tejera

23 de noviembre de 2016

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