Eduardo Tejera fue Condecorado el 15 de abril de 2011 con la Real Orden de Isabel La Católica, por el Rey y el Gobierno Español.

Palabras de Agradecimiento del Dr. Eduardo J. Tejera en Ocasión de la Imposición de la Orden de la Isabel La Católica, 15 de abril de 2011, Embajada de España, en la República Dominicana

Su Excelencia el Embajador Don Diego Bermejo Romero de Terreros,

Su Excelencia el Ministro de Industria y Comercio, Dr. Manuel García Arévalo,

Sus Excelencias Distinguidos Embajadores

Distinguidos Altos Funcionarios de la Nación,

Distinguido amigas y amigos,

Mi querida Familia

Antes que nada deseo expresar que me siento feliz y muy honrado con la imposición de la Real Orden la Isabel La Católica, en el grado de Encomienda de Número. Es una insignia y collar que llevaré siempre con orgullo por su elevado significado en nuestro mundo hispano. Reconozco con reverencia que esta estrella y escudo que desde hoy me honra, me llena de estímulo y plena satisfacción y me servirá de acicate para continuar investigando y escribiendo obras para difundir las ideas sobre nuestra historia y cultura común.

Deseo expresarle mi primera gratitud a Su Majestad el Rey de España, Don Juan Carlos I, pues en su calidad de Gran Maestre de la Orden me ha conferido esta altísima distinción otorgada mediante Real Decreto. Le deseo larga buenaventura y salud a Su Majestad, que tanto se ha distinguido durante la transición de España hacia una democracia moderna, liberal y respetuosa de sus coloridas tradiciones. Igual, deseo dejar patente mi agradecimiento a la Ministra de Asuntos Exteriores, Señora Trinidad Jiménez, quien como Gran Canciller de la Orden y en nombre de Gobierno español, firmó también la concesión de esta condecoración. Distinguido Señor Embajador, le ruego que por su digno medio le haga conocer a tan altas dignidades, mi máxima expresión de gratitud y aprecio por este honor que me han conferido por ayudar a promover la unión imperecedera de esta vasta comunidad Iberoamericana y reconocer el gran legado de España en América.

Vaya mi reconocimiento y mi deuda a Usted, Señor Embajador y amigo, por sus hermosas palabras al presentar este acto y por ofrecernos esta cálida y acogedora recepción. Le estoy muy agradecido por sus expresiones al leer el Real Decreto de concesión de la Orden de su ilustre Gobierno. A mi amigo de generación y distinguido empresario, fructífero historiador y ahora Ministro de Industria y Comercio, Dr. Manuel García Arévalo, quien ha reseñado aspectos de mi vida y de mi obra escrita, quiero darle un caluroso y expresivo abrazo de agradecimiento. Sus palabras y manifestaciones de cariño, me han abrumado y me siento honrado por su generosidad, pletórica de afectos, que viniendo de un exitoso historiador e hispanista, sus expresiones tienen doble significado para mí.

Desde joven aprendí en el seno del hogar el cariño y respeto a la Madre Patria, el país de mis antepasados por ambos lados y la cuna de mis dos abuelas. Es decir, he tenido el español muy de cerca en la sangre,  en la historia y la cultura que asimilé de estudiante. En mis años universitarios en Washington, mientras estudiaba economía con ilusión y dedicación, también estudiaba numerosos cursos de idioma castellano, de literatura del Siglo de Oro, de historia española moderna y contemporánea y de historia de toda la Hispanoamérica y así me fui convirtiendo un hombre con una triple visión: la del tecnócrata con ojo crítico norteamericano, la del orgulloso cubano-dominicano de este magnífico arcoíris humano del Caribe y la del hispanófilo moderno, que admira sus raíces.

Para mí no hay diferencias con España, pues considero que la gran mayoría somos hijos de España, de su historia y de la cultura europea, salvo aquellos que son indígenas nativos del Continente o los infortunados esclavos que fueron traídos a fuerza bruta. Pero aún con el crisol de razas y culturas milenarias que tiene América, de blancos, negros, mulatos, chinos y mestizos, todos piensan en español y aunque muchos mantienen su identidad y lengua, la mayoría forman parte de la cultura mixta Occidental, como escribió Vasconcelos, en la, “La Raza Cósmica”.

En mis obras, “Causas de dos Américas: Modelo de Conquista y Civilización Hispano e Inglés en el Nuevo Mundo”, publicado en el 2005 en Madrid y en el libro, “La Ayuda de España y Cuba a la Independencia Norteamericana”, del 2010, publicado en Santo Domingo y en Madrid, ya me había sumergido en la gran historia de España y la de nuestro Continente de siete colores, como le llamó el gran escritor Germán Arciniegas en su obra magistral. Traté de buscar en la historia las causas de nuestros errores y defectos como naciones libres, con democracias imperfectas, con demasiadas dictaduras, con atraso político e institucional, y un secular sub desarrollo económico, social y educativo. La economía para mí ya no me brindaba suficientes respuestas, y me fui a la historia, para conocer nuestro pasado y comprender mejor el presente.

Estudié y comparé la naturaleza del proyecto político y económico inglés en sus colonias en América del Norte, que fue realizado por empresas privadas y nobles favoritos y administradas con auto gobiernos provinciales, mientras que el modelo español trasladado a la América, fue impulsado y controlado por la Corona y centralizado en Sevilla en el Consejo de Indias y la Casa de Contratación. Uno fue  descentralizado y privado y otro centralizado y estatal. También hizo diferencia que Inglaterra fundara 110 años después Trece pequeñas y atrasadas colonias en el noreste, mientras España instaló importantes colonias desde California hasta Tierra de Fuego. Para la Corona y sus hombres fue una hazaña de tenacidad y fuerza que implantaron con el sable, la cruz y el evangelio, pero también con sangre, heroísmo y crueldad de conquista. Pero así creó el primer y más prolongado imperio transatlántico de su época, que revolucionó la geografía y el comercio mundial.

Sin embargo, me preguntaba, ¿Por qué la América Hispana avanzó mucho más material y socialmente en los primeros tres siglos, que la América Británica, para después revertirse esta tendencia, y en medio siglo las colonias anglosajonas y después los Estados Unidos con su sistema descentralizado, más democrático e innovador desarrolló un país más rico y vigoroso en el Siglo XIX?  Cuáles fueron las causas históricas, culturales, religiosas y económicas de esta divergencia. ¿Por qué nos quedamos atrás, frente al empuje democrático e industrial del gigante del Norte, como advirtieron Rubén Darío en su visionario poema “A Roosevelt” y José Martí, en su famoso artículo Nuestra América?

El libro exalta la exitosa misión civilizadora de España en el Nuevo Mundo, que fundó grandes ciudades, prósperas colonias y puertos mercantiles, el primer sistema mercantilista del mundo con la famosa Flota de las Indias, pero también destaca los errores, conflictos y un equivocado concepto de la economía, la sociedad y la política. América adulta se separó e independizó de España, pero cayó en un largo ciclo de inestabilidad, caudillismo, dictaduras, atropellos, irrespeto a las leyes y al estado de derecho. Inclusive hoy en día, con doscientos años de independencia, mantenemos un sub desarrollo económico crónico, grandes desigualdades, bajísima educación ciudadana y aguda pobreza social y una tendencia retardataria hacia creer en los grandes hombres, los caudillos iluminados, en vez de creer y respetar las leyes y las instituciones democráticas.

Pero en España se sufría ese mismo atraso y contradicciones en el problemático y caótico  Siglo XIX y XX, pero después de la muerte del Dictador Franco en 1976, España y los españoles superaron los viejos vicios y los conceptos atrasados de hacer política y de su cultura. Después de largas angustias y una cruel guerra civil y dictadura, al final los españoles creyeron en las leyes y en el estado de derecho democrático social. Se refundaron como colectivo social y cultural. Los liberales se mantuvieron liberales, y los conservadores, conservadores, pero ninguno utilizaron como referente a la extrema derecha militar ni la extrema izquierda, ni el histórico autoritarismo.  España cambió radicalmente en la transición. La nueva España de la transición, con su absoluta fe en la libertad, la democracia y en las leyes, rompió con su pasado político, sin rechazar su historia y sus ricas tradiciones, y hoy es ejemplo, de una nación grande y moderna, laica, plural, democrática y creyente fiel en el reino de las leyes y la Constitución.

Entonces Hispanoamérica y el Caribe, pueden y deben cambiar como lo hizo España. Tenemos que cambiar los anticuados valores caudillistas, la creencia que las leyes son para incumplirlas o para los débiles. Nuestros gobernados y gobernantes, aquí y en el Continente, tienen que cambiar su antojadiza visión de la democracia y de las leyes. Nuestros liberales deben mantenerse liberales, creyentes en la democracia moderna con alternabilidad, pluralismo y con cohesión social. Debemos desterrar el caudillismo y el agobiante clientelismo político y debemos fortalecer las instituciones del Estado moderno, no debilitarlas con actuaciones unilaterales. Tenemos que democratizar la economía, reducir realmente la pobreza mediante mayores recursos para la educación y la salud. Ante todo tenemos que respetar la majestuosidad  de la Constitución y las leyes, que no están escritas para ser interpretadas, sino para cumplirlas y hacerlas cumplir.  Ese es otra gran lección de la España moderna de la transición.

Las repúblicas de habla castellano de América, nacieron de las entrañas de la historia española y su experiencia en el Nuevo Mundo. Tenemos un pasado común, un idioma que nos une e identifica, una cultura común global, con las naturales diferencias de regiones, y nuestros pueblos están unidos por una vocación histórica y política, que nos hace miembros de una gran mancomunidad Iberoamericana. Esta unidad debe fortalecerse en medio de la asimétrica globalización que vivimos.

Por último, gracias Señor Embajador Don Diego Bermejo, por este cálido acto y a Manuel García Arévalo por la generosa reseña. Gracias especiales a mí querida esposa Anita por el espacio que siempre me brinda y a mis hijos, por la paz y felicidad que todos me dan. Gracias igual a todas las amistades aquí presente, que me acompañan en este evento de tan grata significación para mí.

Muchas gracias a todos y buenas tardes.

15 de abril de 2011

Embajada de España en la República Dominicana

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