LA CHINA MODERNA

Hace unos días regresé de un viaje por la China moderna y deseaba compartir mis impresiones, sobre este gigante económico y social que representa la China de contradicciones, progreso y síntesis. Estuve en Shanghai, Xi’an y la capital Beijing. En Shanghai está en exhibición la Exposición Internacional recién abierta el 1 de mayo, como símbolo de avance y progreso nacional. Es una Exposición fenomenal, con pabellones de todos los países del mundo. El pabellón Chino es una enorme figura en forma de triángulo inverso rojo. Presentan su cultura y progreso con informaciones y videos de las distintas regiones de este gran país. Más de 150 naciones tienen pabellones y kioscos de exhibición.

Shanghai está en pleno progreso económico y de gigantescas construcciones. La ciudad, antigua posesión de los imperios del Siglo XIX, en particular el inglés, hoy representa una mezcla internacional, de lo mejor de la China abierta y capitalista y lo mejor de sus tradiciones chinas y de su pasado reciente. Pero China es un enigma. Es una dictadura de partido único, el Partido Comunista Chino, y el Ejército rojo es parte del partido oficial. Pero a la vez coexiste de manera armoniosa y singular, una pujante economía capitalista y una enorme libertad individual, siempre que no se incurra en política. Hay periódicos, libros, canales de televisión nacional e internacional que informan con toda libertad. La movilidad social se siente y las calles están llenas de personas de todos los niveles económicos y sociales. Todo coexiste.

Hay miles de empresas extranjeras mixtas o solas y los chinos pueden tener propiedades, negocios y empresas nacionales o globalizadas. Por eso tienen una economía emergente tan fuerte y dinámica. Hasta los jerarcas del Partido Comunista tienen empresas y son ricos magnates capitalistas.  China es una gran nación seis veces milenaria, pero decidida a formar parte del primer mundo, y se está convirtiendo en la una de las naciones hegemónicas del Siglo XXI. El Gobierno Chino y su economía se prepararan para formar parte de las grandes naciones.

En Shanghai existen más de 3,000 rascacielos nuevos con más de 70 pisos. La construcción de apartamentos, centros comerciales y viviendas sociales es sorprendente. El nivel de vida es alto para un grupo, pero los salarios para el pueblo son bajos, aunque en esta etapa primaria de capitalismo, crecen las desigualdades sociales urbanas, y entre las regiones del interior. Los contrastes y desigualdades económicas son grandes y evidentes. Hay muchos nuevos ricos y persisten muchos viejos pobres y una clase media baja, apretada entre los dos extremos.

En lo político no se siente represión alguna. La televisión tiene todos los canales de cables internacionales y aún la televisión china es abierta y con información de todo el mundo, con un mínimo de contenido político y nada ideológico. Es algo curioso, parece que uno está en un país europeo o en Japón. En la República Dominicana la televisión y los múltiples programas son más politizados, que en la propia China Continental. El gran líder Mao Zedong es una figura emblemática, pero del pasado. La juventud no lo conoce bien. Es algo de la historia. Hoy no se habla o escribe de Mao. Se respeta y algunos veneran, pero el país no tiene nada que ver con él.

No se siente represión policial en las calles. La política es algo separado de la vida cotidiana. Lo contrario que nuestro país, donde todo, es político. Las ciudades son limpias, con grandes avenidas y un floreciente comercio de marcas y el pueblo está volcado hacia el consumo, en particular de todo lo Occidental. Carros de alto lujo y precios estrambóticos se ven por todas partes. Existen todas las tiendas europeas de marcas lujosas. Es como una Rue St. Honoré de París o la Quinta avenida de Nueva York.  Increíble, quien lo iba a pensar 20 años atrás.

Después conocí la ciudad de Xi’an, en el medio de China, que es una pujante zona urbana. Xi’an tiene ocho millones de habitantes. Es una ciudad llena de avenidas, calles y parques muy limpios. Aquí en 1976 unos campesinos descubrieron por accidente los ahora famosos soldados de Terracota. Es impresionante esta maravilla de ver miles de soldados de barro, con sus caballos y armaduras debajo de la tierra. Una ciudadela de homenaje y protección al Emperador Quin Shi Huang, quien fue un gran líder guerrero y el primer Emperador que unificó a China entera en 259 AC.  Xi’an fue la antigua capital de la China de hace 2,000 años y un centro económico, político y militar. El Xi’an moderno es una ciudad progresista, con una enorme clase media.

Las calles llenas de carros nuevos y vehículos de lujos. Es más conservadora que Shanghai, pero no deja de ser una ciudad en pleno crecimiento y construcción moderna. Igual que Shanghai tiene grandes centros comerciales de clase media y tiendas de lujos de marcas internacionales. Casas de zonas viejas de la antigua China comunistas se derrumban y se levantan modernos edificios y torres elevadas para uso comercial o de viviendas. La ciudad está amurallada por una gran y amplia serpiente de bloques de piedra y ladrillos, que servían para su defensa.

Al llegar a Beijing uno se maravilla. Todo es superlativo, lo viejo y antiguo y lo moderno. Tiene más de veinte millones de habitantes. El aeropuerto construido para la Olimpíadas es gigantesco y modernísimo. Una gran obra de arquitectura e ingeniería. La ciudad es igual una gran urbe llena de contrastes. Lo mismo te pasa un lujoso Mercedes Benz que un carrito bicicleta lleno de basura para reciclar. La Ciudad Prohibida, sede y residencia de los Emperadores de la Dinastía Ming y Qing que terminó en el 1912 es algo increíble y majestuoso. Un Palacio Versalles Oriental. Es una ciudadela de Palacios, Templos, Salones, jardines y murallas que guardan los secretos de siglos. Igual de bello es el Palacio de verano de los Emperadores y su corte, con su grandes Palacios, Templos y Pérgolas ornamentados en vivos colores y un bello lago de recreo.

La Plaza Tianamen es monumental. Tiene el gran Mausoleo de Mao Zedong, la Torre a los Trabajadores Héroes y grandes edificios gubernamentales. La Plaza está llena de historia y en ella han sucedido grandes acontecimientos políticos que han sacudido a China. En Beijing todo es grande. Pero las contradicciones son inmensas, entre ricos y pobres, entre grandes rascacielos y barrios de casuchas y caminitos rústicos y sucios. Pero esa es la China emergente. Toda una gama de contradicciones y a la vez un mundo en ascendencia y pujanza. Hay zonas atrasadas y muchos barrios modernos con grandes multifamiliares de viviendas y edificios de oficinas.

Al mismo tiempo que China crece el PIB al 10 % anual, aumentan las exportaciones y las reservas internacionales, comienzan a florecer los conflictos laborales por mejores salarios y el derecho a formar sindicatos. Los salarios son muy bajos. Un obrero en una fábrica de tecnología que produce conductores y chips electrónicos trabaja 12 horas diarias, seis días a la semana y gana el equivalente a US$ 125 al mes, menos de la mitad que un trabajador en una zona franca dominicana. Doce jóvenes empleados se han suicidado por el stress en una moderna fábrica China, llamada Foxconn, cuyo escándalo ha estado en la prensa. La semana pasada por primera vez los obreros de tres plantas de autos Honda, desafiaron a las autoridades, y se declararon en huelga, en demanda de mejores salarios, menos horas de trabajo y otras conquistas.

Dentro del gigante de China, se acumulan conflictos y presiones, de tipos laborales, políticas de grupos que desean un pluralismo y más partidos políticos e institucionales, de regiones que desean mayor autonomía administrativa y menos centralismo. En los próximos 10 años se verán cambios y grandes presiones en la moderna sociedad China. Algo natural, producto del mismo desarrollo económico y social. Al único partido permitido, el Partido Comunista, con el cambio de mentalidad de las nuevas generaciones y el progreso económico y consumismo, le vendrán presiones de cambios políticos y deseos del pueblo de tener más poder de decisión. Ya hemos visto la revolución económica pacífica de las reformas, pero creo que pronto vendrá una etapa de grande cambios políticos y sociales, de apertura y democracia regional y comunitaria.

Pero a pesar de estas futuras tensiones que seguro florecerán, la China de hoy es un gran ensayo exitoso, desde que ejecutó una salida paulatina del comunismo ortodoxo y retrógrado de la Gran Revolución cultural que implantó con sangre y purgas el líder Mao en 1966 al 1976, al nuevo período de profundas reformas estructurales e ideológicas guiadas por Deng Xiaoping del 1978 al 2002.  En tres décadas todo cambió radicalmente. Hoy producto de su sólida milenaria historia y frustrante Siglo XIX con las invasiones imperiales europeas y sus constantes cambios revolucionarios en el Siglo XX, China es una gran potencia y una nación pujante, que cada vez se convierte en un jugador de primera línea en el campo diplomático y económico en el mundo.

Es una de las naciones con creciente hegemonía en la política contemporánea. En el 2008 exportó US$ 1.43 trillones, importó US$ 1.13 trillones y tuvo un superávit comercial de US$ 296 trillones. En 1978 su economía dependía solo un 10 % del comercio mundial y hoy depende en un 68%. Es, pues, un país globalizado. Es la tercera economía del planeta, luego de Estados Unidos y Alemania. La inversión extranjera directa ascendió a US$ 98 billones al 2009, una cifra sorprendente debido a su amplia apertura. China hoy en día tiene una economía que sirve de locomotora del mundo. Sus reservas monetarias pasaron de ser negativas en 1980 a ascender a US$ 2,447 billones a marzo 2010,  siendo uno de los países que más influyen en el equilibrio de las tasas de cambio en los mercados financieros internacionales.

Es de esperar que China siga creciendo a un ritmo acelerado realizando grandes cambios estructurales y sociales. Pero el propio éxito de la China moderna de capitalismo social y un partido único fuerte y centralizado, la llevará a tener futuras tensiones a corto plazo de demandas de aumentos salariales, libertad sindical, mayores libertades y participación política y una creciente demanda de mejorar el estándar de vida de la clase media. China no podrá sostener por más de una década un modelo de desarrollo basado en salarios de miseria, como tampoco soportará las crecientes desigualdades entre los millonarios y billonarios y la gran masa trabajadora y una clase media con un nivel de vida muy bajo comparado con su progreso económico. Hay un desbalance económico y social, que será el gran desafío de la nueva China.

6 de junio de 2010

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