¿Y EL PLAN DE ESTÍMULOS Y EL ACUERDO CON EL FMI?

Estamos casi a mediados de febrero y ni el Gobierno, los funcionarios del área económica y de los Organismos Descentralizados, con proyectos hablan de sus iniciativas o se conoce poco sobre los planes y proyectos de estímulos y creación de empleos. ¿Qué ha pasado que parece que se ha dislocado la agenda nacional trazada y los compromisos incurridos con el FMI?

Primero llevamos dos meses solo leyendo sobre el caso del narcotraficante boricua y su grupo de testaferros locales. Poco se escribe y habla sobre los problemas económicos y las soluciones a implementar. Faltan datos fiscales, monetarios, reservas, y conocimiento de los desembolsos del Banco Mundial y el BID para que se pueda opinar y debatir sanamente.

Segundo, después el trágico terremoto de Haití el 12 de enero, el Gobierno y la sociedad se ha volcado en acertadas y loables ayudas humanitarias, pero comienza sentirse que nos estamos pasando de tiempo, esfuerzo y dinero. Siempre se dijo que este pobre país no podía cargar con los urgentes problemas de Haití. Que era responsabilidad de la comunidad internacional.

Debemos exigir más de la comunidad internacional hacia nuestro colapsado vecino y gradualmente dejarles la tarea logística y económica a ellos. Tienen la maquinaria, la institucionalidad y los recursos financieros. La República Dominicana debe seguir ayudando, pero como plataforma logística, que nos permite la geografía común.

Debemos volver hacia nuestra agenda económica y social. El mundo sigue en una precaria recuperación todavía incierta de la recesión mundial. Nadie en el exterior ha cantado victoria. En nuestro país debemos manejar la economía con mucha cautela, pueden surgir desagradables sorpresas. El problema de los impagos a los generados y distribuidores eléctricos es grave. Nos habíamos comprometido, ingenuamente, que se cancelarían las deudas antes del 31 de diciembre pasado. No había tiempo material de lograrlo, pero es un compromiso.

Hay varios funcionarios claves que están muy metidos en planificar la reconstrucción de Haití, pero cuidado, que la situación del país, no tiene el mismo dolor y trauma humano, pero tampoco estamos en una situación sostenible ni boyante. Dejen eso para la comunidad internacional. Se ha manejado bastante bien la crisis, no nos durmamos en nuestros laureles. A trabajar en lo interno.

La Naciones Unidas, la Unión Europea, la Agencia para el Desarrollo de los Estados Unidos, la entidades de crediticias y humanitarias de Canadá, con la ayuda y aportes económicos de muchos países deben agilizar la creación de la estructura institucionalidad para reconstruir a Haití, pero se observa lentitud en la organización y en la logística de la comunidad internacional. Nuestro país debe exigir más rapidez en la ayuda y la reconstrucción, porque no podemos abandonar los graves problemas de nuestro propio patio. La lentitud de la comunidad internacional, nos arropa a nosotros y no recarga las ya recargadas finanzas públicas.

Tenemos un Plan de Trabajo en el Acuerdo de Stand-by y políticas y proyectos de estímulos económicos que aplicar. ¿Lo estamos haciendo? Estamos como país, Gobierno, empresa privada y sociedad, atentos a los sucesos económicos y sociales domésticos. Estimo que no mucho. Solo se habla de políticos y candidatos, pero poco de la realidad interna. Parece que estamos libres de problemas, medio anestesiados. Basta leer la prensa. Hay como un escapismo colectivo.

Creo que hay que volver a la agenda nacional, a nuestros desafíos y búsqueda de soluciones. El panorama Presupuestario se puede complicar si los Organismos Internacionales no desembolsan a tiempo, y esto podría suceder. Dependemos para cubrir el déficit fiscal de la entrada de capitales externos, vía inversiones directas, pero sobre todo, a través de créditos por proyectos del Banco Mundial, BID y otras instituciones gubernamentales.

Pero preparar y empezar y comenzar un proyecto en este país es algo frustratorio. La lentitud en obtener permisos para proyectos nacionales e internacionales, atrasa toda nueva inversión y proyectos que crean empleos. Vivimos ahogados en una burocracia de más de 15 permisos para invertir. No existe una mentalidad y actitud desarrollista y de implementar proyectos económicos y sociales de estímulos. Los funcionarios son inaccesibles. Todo es difícil y lento. A eso hay que añadirle los peajes y la corrupción.

Según el Stand-by la política monetaria y crediticia sería revisada en junio y volvería a ser más conservadora y se aumentarían las tasas de interés, cuando todavía el sector privado no ha despegado, ni la industria, la construcción y los proyectos turísticos inmobiliarios. Ese plazo habrá que renegociarlo con el FMI. No se siente planes agresivos de aumento y financiamiento de la producción exportable. Para exportar más hay que producir más. ¿Qué nos detiene a actuar?

No se siente la inyección necesaria de obras públicas y recursos económicos del Plan de Estímulos. Los Ministerios y Direcciones que ejecutan obras públicas necesitan más dinero. No les llega. Cuidado. El aumento de las inversiones públicas es muy necesario, para estimular la demanda y al sector privado. Se necesita obras, empleos, dinero y consumo, del Gobierno y del sector privado. Se nota poca comprensión de las necesidades del empresariado.

¿Por qué el Congreso no ha aprobado el anteproyecto de ley de incentivo a las viviendas de hasta RD$ 6 millones? En el Congreso reposa esta vital ley para el consumidor y la baja clase media, para que pueda adquirir una casita o apartamento. ¿Qué sucede con la falta de planes de créditos especiales para la agropecuaria? ¿Por qué no le entregan más recursos a la CDEE? Sin recursos seguirán los mismos eternos problemas del flujo de caja negativo del sistema eléctrico. Poco dinero va dirigido a los industriales y al sector agropecuario.

Estamos a tiempo de cambiar de rumbo, solo hay que tomar conciencia de actuar. ¿Dónde están los estímulos? Solo reitero el mensaje: volvamos a la agenda nacional.

17 de febrero de 2010

Anuncio publicitario

Los comentarios están cerrados.