PARALELO ENTRE ROOSEVELT Y OBAMA

El mundo atraviesa una profunda recesión económica que sacude los cimientos de las economías más desarrolladas. Estados Unidos, Canadá, los países de la Unión Europea, Inglaterra, Japón, y naciones decrecerán en el 2009 de -2 % a -4 % del PIB. La OCDE informó que el comercio mundial ha bajado un 15 % y el desempleo está a un nivel de 8.5 % en Estados Unidos, 19 % en España, 8 % en Inglaterra y alrededor de 5% en la UE. Esta recesión mundial es comparada con la Gran Depresión del 1929. Esta nueva crisis se originó en el sector bancario y el mercado inmobiliario en los Estados Unidos y se ha extendido a la mayoría de los bancos e instituciones de Europa, Japón y China, convirtiéndose en una gran crisis económica y social global sin precedentes modernos. Han quebrado y desaparecido bancos, empresas de seguros y agencias del Gobierno hipotecarias. El Gobierno ha salido a prestar e invertir masivamente para salvar a los bancos, empresas y agencias de seguros hipotecarios, públicas, mixtas y privadas. Económicamente, el mundo del 2009 es similar al período de Depresión de 1929-39.

De 1929-32 la Bolsa de Valores de Nueva York (DOW) cayó en 89 %. En estos tres años habían quebrado más de 5,300 bancos regionales. Las fincas del Oeste estaban la mayoría quebradas por los bajos precios y la abrupta caída de la demanda. Al principio se creyó que la caída era otro ciclo económico conocido y que pronto se recuperaría automáticamente como dictaba la teoría neoclásica desde los economistas de David Ricardo, John Stuart Mill, Alfred Marshall, Arthur C. Pigou y otros pensadores del Siglo XIX y principios del XX. Pero después como la grave crisis fue tan severa y larga,  se le llamó la Gran Depresión, que estremeció las bases del capitalismo que había triunfado durante cincuenta años y había creado una sociedad boyante, libre y progresista. Durante la Depresión el desempleo general llegó al 25 % y el rural un 50%. El PIB decreció en más de 30 %.  Las gentes hacían colas para comer de la caridad. En el país comenzaron a surgir grupos radicales y organizaciones comunistas, fascistas y nazistas. La gente dudó del sistema democrático y del modelo de capitalismo libre sin las regulaciones del Estado, que no existían entonces. Estados Unidos se vio tan amenazado con explotar internamente como en la Guerra Civil 1861.

Lo que sucede hoy en Estados Unidos y el mundo industrial en el 2009 es una crisis similar, muy compleja y traumática socialmente. No son casos exactos, pero hay muchos paralelos. Dos líderes, como Franklin Delano Roosevelt y Barrack Obama que no habían mostrado hasta el momento de ser presidentes sus altas destrezas, sus poderosos carismas y sus enormes capacidades creativas libre de todo dogma, una vez tomaron la presidencia comenzaron con su arrastrador liderazgo y sus nuevas políticas a modificar la manera de pensar y le inyectaron un nuevo optimismo a su país y su sociedad. Ambos llegaron a la presidencia en momentos de desolación y frustración colectiva. Ambos también llegaron con un grupo de pensadores que trajeron nuevas ideas al Gobierno, y redefinieron el rol del Estado, le dieron un nuevo giro a la política social y económica convencional de sus épocas. Las comparaciones son siempre difíciles, pero no cabe duda que ambos ascendieron en momentos definitorios y la fuerza de sus liderazgos carismáticos, uno cambió a Estados Unidos y al mundo del 4 de marzo de 1933 en adelante, el otro recién comienza a marcar su época desde el 20 de enero del 2009 y se ha convertido en la nueva estrella de liderazgo mundial.

FDR y Obama le dieron a sus naciones una nueva esperanza y fueron los protagonistas de iniciar la recuperación económica de su país. FDR implementó una nueva concepción mixta de capitalismo y de fuerte compromiso con el pacto social y la red del Estado bienestar que creó. Lo realizó en sus famosos Primeros Cien Días y Obama recién comienza a cambiar la filosofía y estructuras económicas y sociales de Estados Unidos. También ambos lideraron con su energía y capacidad de cambio, un empuje y renovación de la diplomacia y la correlación de fuerzas en el mundo que les tocó vivir. La sociedad y el desarrollo de Estados Unidos en 1933 y la del 2009 son muy diferentes. Son eras muy distintas, sin embargo, el paralelo histórico es muy similar y compararlos no deja de ser un ejercicio intelectual y político formidable. La crisis y recesión económica y fragmentación social del desempleo generalizado en ambos casos fue y ha sido ahora de tal magnitud, que ha redefinido en Estados Unidos y las principales naciones del mundo, un nuevo paradigma y una filosofía diferente a la que prevalecía hasta el momento que alcanzaron la presidencia.

Desde que tomó posesión el 4 de marzo del 1933 le tocó al brillante e innovador presidente Roosevelt, redefinir el nuevo modelo de un capitalismo con intervención del Gobierno y con la creación de numerosas instituciones que sostuvieron el “New Deal” — Nuevo Pacto – y rompió la creencia ciega en el capitalismo neoclásica que esperaba que la mano invisible del mercado reajustara tranquilamente y sola la economía en un nuevo estamento de equilibrio. FDR era un hombre totalmente práctico, de olfato y realismo y rompió con la teoría neoclásica en 1933 que defendió hasta el final de su vida el ex presidente Herbert Hoover. No fue hasta que el gran economista John Maynard Keynes, con su obra La Teoría General de la Ocupación, Interés y Dinero, publicado en 1936, le diera el golpe mortal teórico a la llamada economía clásica  y creó un novedoso cuerpo de ideas, que ya de hecho eran aplicadas en Estados Unidos y en algunos países europeos, como Alemania, Italia y otros, pero sin una adecuada base teórica creíble o justificación racional que fuera aceptada por la nueva ortodoxia.

Roosevelt conoció a Keynes en el verano de 1936, aunque Keynes ya había escrito su pensamiento en diversos artículos en el Times, de Londres, abogando por planes de inversiones públicas con políticas directas de estímulo fiscal para recuperar las economías de la profunda caída de la producción, el empleo y la demanda agregada. Por lo tanto FDR desde marzo 1933 comenzó con su realismo económico y social a tomar las medidas de intervencionismo del Gobierno, antes que Keynes las publicara en su famoso libro del 1936. En los Primeros Cien Días de marzo a junio del 1933 revolucionó con su plan de inversiones públicas y la creación de numerosas agencias regulatorias y de programas sociales del Gobierno, la manera de actuar y las políticas económicas gubernamentales. Keynes le dio después la base teórica reconocible y formal, a lo que ya FDR y su equipo del “Brain Trust” habían comenzado con hechos y legislaciones, desafiando las ideas conservadoras del capitalismo neoclásico, que no funcionó para sacar a la economía norteamericana de la Gran Depresión.

En su agresivo programa de leyes y creación de agencias gubernamentales de ayuda social, FDR cambió el mapa institucional y filosófico de Estados Unidos. Las principales leyes aprobadas por el Congreso fueron: La Ley de Ajuste Agrícola, la Ley de Recuperación Económica, la Corporación de Préstamos para Agricultores, la Corporación de Préstamos para Dueños de Casas, La Ley de Valores de 1933 que crea la Comisión de Valores y regula el mercado financiero, la Autoridad del Valle de Tennessee, la Corporación Civil de Conservación Ambiental, la Administración Federal de Ayuda de Emergencia, la Administración de Obras Públicas, la Ley Nacional de Recuperación Industrial, la Corporación Federal de Seguros de Depósitos (FDIC), la Ley del Sistema de Seguridad Social, todavía vigente y pieza singular del New Deal, la Administración Rural de Depósitos, la Administración Civil de Obras, la Ley Nacional de Asuntos Laborales y la Ley de los Derechos Económicos. Algunas de estas agencias  perduran con más facultades y cobertura hasta nuestros días. Fue un movimiento revolucionario que redefinió el paradigma nacional. El ex presidente Eisenhower, conservador, decía que estas medidas eran el pilar de la moderna nación y que ningún presidente en el futuro las podría eliminar.

De 1932 al 1939 el desempleo disminuyó de 25 % a 10%, la banca estaba saneada y la economía había crecido, pero todavía no a los niveles pre-1929. Pero la nación se había salvado y había un gran optimismo. El New Del recuperó la fe en el porvenir y fue mucho más que un plan económico. Representó con cambio de modelo a una economía mixta, con red de seguridad social y una filosofía progresista. Con las fuertes inversiones y demandas de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se recuperó totalmente y la política económica keynesiana era ya aceptada como la nueva ortodoxia económica hasta que llegó la revolución conservadora neoliberal del 1980´s. Este movimiento ideológico fue impulsado por la Primer Ministra Thatcher de Inglaterra y el presidente Reagan en los Estados Unidos, acompañados de una batería de economistas monetaristas y propulsores del mercado abierto y libre, sin regulaciones y sin la mano reguladora del Estado. Reagan con el Partido Republicano y la Thatcher con el Partido Conservador realizaron un cambio de doctrinas que predominaron cerca de 25 años.

Pero los políticos tomaron sus ideas de una batería de intelectuales conservadores. El economista Friedrich Hayek fue un gran precursor de esta escuela neoclásica moderna. Otro de sus principales teóricos fue el reconocido profesor Milton Friedman, creador de la escuela monetarista y propulsor de ideas del mercado libre desregulado. Le siguieron economistas prácticos como Paul Graig Robert, Charles  Murray, Byril Sprinkle gran desregulador y Jude Waniski, impulsador de la idea que aplicó Reagan de bajar los impuestos y casi eliminar la escala progresiva del Impuesto sobre la Renta. El movimiento conservador perduró con los dos presidentes Busch hasta la gran crisis económica que generó nuevos profundos cambios en el 2008-09.

Desde hace varios años se venía cayendo el movimiento neoliberal y el Consenso de Washington. Comenzó con el grupo de intelectuales y funcionarios de la era de Bill Clinton, quien aunque modificó aspectos y políticas del neoliberalismo, pero no lo hizo lo suficiente. No se habían creado las condiciones de una nueva grave crisis económica y recesión, que sirviera de base para cambiar el pensamiento político-económico. Entre los principales economistas críticos de la ortodoxia neoliberal, fueron, Robert Kuttner, que escribió;” El Fin de Laissez-Faire” en 1991 y “Todo está en Venta” 1997, Robert Reich, que escribió “La Obra de las Naciones” y el “Supercapitalismo”, Laura Tyson, el brillante profesor John Kenneth Galbraith, con sus artículos y su magistral obra “ La Cultura del Conformismo, 1992, después  Joseph Stiglitz con varias obras como “Globalización y Descontento”, 2002, y “Nuevo Paradigma de Economía Monetaria”, 2004 y el conocido  economista Paul Krugman, con su crítico libro,” La Conciencia de un Liberal”. Lentamente se fue desafiando los postulados neoliberales. Era un clamor general de cambio. Solo faltaba una causa grave, que ha sido la crisis y recesión actual en el mundo. Las crisis crean dudas y nuevas  ideas y brindan nuevas  oportunidades.

Desde el 2008 y 2009 se construye una nueva redefinición de la economía y la solidaridad social. El portavoz en Estados Unidos es el mismo presidente Barrack Obama y los funcionarios y economistas demócratas que lo acompañan. Obama se ha convertido en el nuevo liderazgo moral y político pragmático a la usanza de Roosevelt. Los dos tomaron posesión de la presidencia en el medio de una profunda turbulencia económica, con recesión, quiebras masivas de bancos y empresas, alto desempleos, disminución del comercio internacional y los dos han replanteado, cada uno en su época, un nuevo rol participativo del Gobierno en la economía y en el bienestar social de la nación. Obama tiene enormes desafíos para sacar a su país del hoyo desolador de la recesión y evitar que caiga en depresión y desempleo alarmante.

Con las políticas económicas de lucha contra la recesión y la Ley de Emergencia de Estabilización Económica de octubre 2008, del ex presidente Busch por US$ 700 billones, que incluía el programa TARF, de fuerte intervencionismo del Gobierno, los préstamos y garantías sin precedentes a la seguradora quebrada ING, a Freddie Mac,  Fanie Mae, a varios bancos comerciales y de inversión, para salvar estas instituciones el Gobierno y el pueblo norteamericano apoyó la ayuda y el rescate bancario del Estado. Un presidente Republicano conservador terminó tomando las medidas más distantes de su desfasada filosofía política. Era de hecho el derrumbe del último vestigio del neoliberalismo que quedaba. Wall Street y la codicia desregulada se tragó a sí mismo y causó graves y prolongados daños a la economía y al desempleo. Pero se impuso la realidad y el pragmatismo. Los banqueros e inversionistas desean el rescate estatal.

Desde que subió a la presidencia en circunstancias como las de marzo del 1933, el presidente Obama tomó medidas aún más creativas e interventoras. Obama pasó por el Congreso su Plan de Estímulo Fiscal de US$ 780 billones, para incentivar la economía con inversiones en infraestructura y planes sociales y con reducciones a los impuestos de la clase media para abajo, para estimular el consumo. Al mismo tiempo el Secretario del Tesoro Tim Geithner presentó su Plan de Estabilización Financiera, dirigida a sanear a los bancos de las hipotecas basuras, ayudar con refinanciamientos a los dueños de casas con hipotecas y a reactivar agresivamente el crédito bancario. El presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke también ha innovado y utilizado nuevos instrumentos de política monetaria cuantitativas con créditos masivos a los bancos y reducción de las tasas interés de referencia a casi cero. Medidas revolucionarias y correctas, que han redefinido el papel pro activo y regulador del Estado. Todas son políticas puramente keynesianas de estímulos vía la inversión y aumento del consumo.

El mapa político de Estados Unidos y el paradigma económico y social han cambiado profundamente en el 2009, como sucedió del 1933-39 con el “New Deal”. Roosevelt y Obama han actuado con el pragmatismo típico anglosajón, libre de las ataduras dogmáticas de los latinoamericanos y muchos europeos. La fuerza de ellos dos ha sido su liderazgo moral, su carisma y su capacidad de convencer y brindar esperanza. Roosevelt expresó que “la fuerza de la presidencia era su liderazgo moral” y también dijo que los grandes momentos, requerían” líderes del pensamiento” Uno cambió su mundo y el modelo de los Treinta y el otro comienza a cambiar las actitudes y valores de esa progresista nación y empieza un nuevo paradigma. Cuando la economía logre su re-despegue, Obama aplicará su agenda social moderna de mayor equidad social y de recuperar para su sociedad sus viejos valores de solidaridad y mayor igualitarismo.

11 de abril de 2009

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