LA CRISIS ECONÓMICA MUNDIAL Y LOS DESAFÍOS DE BARACK OBAMA

La crisis económica que comenzó en los Estados Unidos durante el primer trimestre de 2008 se agudizó profundamente cuando en septiembre 16, el Gobierno dejó quebrar por falta de apoyo oficial el tradicional banco de inversión neoyorkino, Lehman & Brothers. Esa política creó un pánico en una comunidad bursátil y financiera contaminada por los préstamos hipotecarios malos, llamados subprimas, el exceso de deudas de las empresas y de apalancamiento de instituciones bancarias y por el uso indebido de instrumentos financieros y los derivados y hasta hechos fraudulentos realizados por los altos ejecutivos de las finanzas. Ellos abusaron de la libertad corporativa y de la desregulación normativa con muy poca ética y algunos traspasaron lo límites de lo legal. Desde septiembre en adelante la crisis del sector bancario e inmobiliario se generalizó gravemente y forzó a un cambio de política monetaria y fiscal.

La explosión de la crisis generó un proceso de quiebras de bancos e instituciones financieras que ha sacudido los cimientos de la economía norteamericana y también de los países europeos. La avaricia y el sueño del pelotazo rápido, en un régimen desregulado abrieron las puertas a todo tipo de operaciones poco ortodoxas — y algunas fraudulentas — con poquísimas garantías para los inversionistas y de carteras de préstamos hipotecarios de dudosos cobros. Esta crisis bancaria y la política de rescate ejecutada sellaron el final de la era de laissez faire impulsado por el neoliberalismo conservador implementado por el presidente Reagan y los ideólogos Republicanos de los Ochenta continuado después por los dos Busch´s. Se acababa así una época de desbordamientos financieros y de falta de normas y regulaciones por parte del Gobierno.

Con un cambio radical de filosofía política y de criterios económicos, el Gobierno de Estados Unidos y el Sistema de Reserva Federal (FED) respondieron con un ambicioso plan de acciones públicas que rompían todos los esquemas neoliberales de no intervención del Estado. Se impuso la realidad, sobre los dogmas de mercado libre desregulado creado en las reformas conservadoras del presidente Reagan. El Gobierno norteamericano como parte del rescate adquirió y respaldó las poderosas agencias de créditos hipotecarios Fannie Mae y Freddie Mac, Merrill Lynch fue absorbida por Bank of America y Bear Stearns por Morgan Stanley, Washington Mutual recibió un rescate y se fusionó y numerosas entidades financieras se fueron a la cuasi quiebra o fueron absorbidas por otras.

El mapa bancario cambió radicalmente en dos meses. Lo inexplicable había sucedido. El sistema había fallado y se había auto destruido por sus excesos y por malas prácticas corporativas y personales. Se creó la peor crisis desde la Gran Depresión del 1929. El pánico se apoderó de los mercados y del pueblo estadounidense y a la vez la crisis bancaria se extendió  por toda Europa y Japón.

El Gobierno del presidente Bush, seguidor del neoliberalismo, tuvo que cambiar su manera de pensar y el Gobierno se voy compelido a tomar el control de la situación e intervino con masivas ayudas de más de 100 billones a la aseguradora AIG y presentó al Congreso un Plan de Salvamento y Estabilización bancaria de más de US$ 700 billones para prestar fondos públicos como rescate y para invertir en acciones de entidades que perdían solvencia cada día en las bolsas de valores. El Plan de Salvamento sometido en medio de la campaña electoral presidencial, fue aprobado por el Congreso por todos los partidos. Tanto Demócratas como Republicanos aprobaron la ley de rescate del sector bancario como una necesidad nacional, que pedían los ciudadanos y los empresarios. El objetivo era mantener los bancos abiertos y solventes y ampliar la liquidez crediticia, para frenar la desconfianza y el pánico y detener la caída hacia una recesión más profunda de la economía.

El Secretario del Tesoro Henry Paulson y el presidente de la Reserva Federal Ben Bernanke, actuaron en forma rápida y heterodoxa. La Reserva Federal prestó con líneas especiales de “swaps” a los bancos nacionales y extranjeros y al Banco Central Europeo. Se calcula que las inyecciones han sido del orden de US$ 3 trillones de dólares. Al entrar Estados Unidos en una recesión y por la falta de confianza del consumidor, surgió concomitante la grave crisis de la industria automotriz de Detroit que pide US$ 40 billones para mantenerse operando.

El sector dejó de vender el 40 % de su producción. Un problema realmente serio económico y social. Como consecuencia de la crisis bancaria, inmobiliaria y de la industria automotriz el desempleo en Estados Unidos aumentó drásticamente hasta el 7.2 %, dejando sin empleo a 2.8 millones de trabajadores solamente en el 2008, creando así fuertes presiones sociales y políticas. Existe la convicción de que el desempleo aumentará en el 2009, hasta que comience a recuperarse la economía y los bancos presten más dinero a los negocios e industrias.

La crisis bancaria e inmobiliaria norteamericana se convirtió en crisis económica mundial, al producirse una compleja serie de recesiones económicas en cadena en los Estados Unidos, Inglaterra, Japón, España, los países de la Zona Euro y hasta Canadá e Irlanda han caído en recesiones formales, inflación, alto desempleo y crisis de confianza. La recesión se ha convertido en un fenómeno global, afectando a los países desarrollados y los en vías de desarrollo. El FMI proyecta que el crecimiento del PIB de los países de G-8 será casi cero y todos tienen déficits fiscales de más de 3 % del PIB. Estados Unidos por su parte tendrá un déficit fiscal de más de 8 % del PIB para el 2008, el mayor desde la Segunda Guerra Mundial.

Esta ha sido y es la primera gran crisis y recesión globalizada de tal magnitud desde la Gran Depresión. Varios bancos en Europa también han caído en quiebra y otros han sido fusionados con los bancos más fuertes. La crisis inmobiliaria en España ha sido profunda y dramática, creando una crisis económica con grave aumento del desempleo al 11 %. En Alemania bancos y grandes industrias han perdido la mitad de su valor en las bolsas de valores y su economía también ha entrado en recesión.

En efecto, al momento de tomar el poder el 20 de enero el presidente Barack Obama, Estados Unidos y el mundo experimentan su peor crisis y recesión económica generalizada. Un enorme desafío para el nuevo presidente y su excelente Equipo Económico. El nuevo presidente Obama tomará la administración en medio de grandes retos y problemas muy complejos. Deberá actuar como un inspirador de confianza y optimismo. Hasta ahora ha demostrado  tener el talante y el liderazgo para lograrlo. Se advierte que creará como un nuevo “New Deal”   como el del Franklin D. Roosevelt en 1933, con gran atención a la preservación de empleos y mejorar la seguridad social y los planes médicos. Curiosamente Obama tendrá los mismos desafíos que el presidente Roosevelt de recuperar tanto la moral y el optimismo del pueblo norteamericano ante el golpe de sufrir los efectos de esta grave crisis, como sacar a la economía, con medidas audaces y prácticas, de la grave recesión y alto desempleo que experimenta. Indudablemente es un reto de excepción.

Los desafíos y urgencias de Obama en los primeros cien días, serán similares a los que tuvo el presidente Roosevelt cuando tomó posesión de la presidencia el 4 de marzo de 1933, en el medio de la Gran Depresión con cierres bancarios generalizados, caída abrupta del PIB y con 40 % de desempleo en la nación. Un momento histórico de singular crisis, que amenazaba el mismo sistema democrático y la fe en su sistema económico. Barrack Obama enfrentará una crisis similar doméstica, acompañada de graves problemas políticos y militares internacionales con la intervención norteamericana en la guerra en Irak y Afganistán y la amenaza del radicalismo árabe. La política exterior y la diplomacia norteamericana también se espera que sufran serios cambios de filosofía y visión con la presidencia de Obama y el equipo Demócrata. Obama ha prometido cambiar la imagen de su país en el mundo y de redefinir sus objetivos globales. Pero su reto inmediato es revertir la recesión, rehabilitar al sector financiero y recuperar el empleo.

A principios de enero, el presidente electo Obama explicó al Congreso y al país, que su Gobierno estimulará la economía con un paquete de US$ 900 billones o más, mediante recortes de impuestos personales por un monto de US$ 300 billones y US$ 600 billones en inversiones en infraestructura, gastos en salud, y educación y en el sistema de seguridad social. Estas mismas medidas con diferentes montos se comienzan a aplicar en toda Europa en forma individual por país. También tiene a su disposición más de US$ 400 billones pendientes de uso de la Ley de Salvamento.

El nuevo líder utilizará armas monetarias de reducción al máximo de las tasas de interés, como realizó en diciembre la Reserva Federal, que las colocó en casi  cero por ciento y las medidas de estímulos fiscales e inversiones en infraestructura y bajas de impuestos a la clase media y de bajos ingresos, que presentó al Congreso, siguiendo el modelo keynesiano. Esta nueva política económica significa un gran cambio respecto a la aplicada por los Republicanos. Algunos economistas como Stiglitz y Krugman consideran que el Plan de Estímulo de Obama es bueno, pero insuficiente y que debe poner más énfasis en inversiones públicas. Prefieren un Plan de cerca de US$ 1.2 trillones.

Por otro lado, además de enfrentar la grave recesión que sacude a su país, el Obama y el grupo Demócrata tienen el compromiso de avanzar e implementar su nueva agenda económica y social. El presidente electo propone resucitar la idea del sueño americano, con una política social de reformas en el sistema de salud, ampliar la seguridad social y médica para abarcar a toda la población en varios años. Él criticó durante la campaña electoral el hecho de que casi el 40 % de la población carece de seguro médico y que la seguridad social debe ampliarse y mejorar para los envejecientes y los jóvenes marginados de zonas urbanas. Su filosofía es la de definir un nuevo pacto social y ampliar el rol del Gobierno para que sea más solidario y promueva el progreso económico con mayor equidad social. Obama y los nuevos Demócratas buscan rescatar el viejo pensamiento económico y social que Roosevelt creó con su filosofía y programa del “New Deal.” Pensadores políticos y economistas liberales han creado el marco conceptual de esta nueva política para los Estados Unidos. El reciente libro “La Conciencia de un Liberal” del economista Premio Nóbel, Paul Krugman, expone con claridad esta nueva filosofía política.

En la agenda de Obama y los Demócratas está realizar un conjunto de reformas institucionales y legislativas. Están comprometidos con reformar y volver a crear un cuerpo de normas más estrictas y regulaciones para el sistema bancario y la bolsa de valores. Desean evitar una repetición de los excesos cometidos en esta crisis.  La Comisión de Valores (SEC) será reformada para ampliar sus poderes de supervisión de todas las instituciones y tipos de Fondos de Inversiones que manejen dinero y depósitos del público. También se debate reformas al mismo Sistema Federal y su misión y funciones, para actualizar sus objetivos y administración.

El Sistema de Seguridad Social y el Programa Médico Medicare se piensa reformar y ampliar su cobertura y al tiempo de revisar los actuales programas para producir ahorros y evitar el despilfarro. Igualmente, el Gobierno de Obama tendrá que decidir qué hacer con las agencias Fannie Mae y Freddie Mac, que controlan el mercado secundario de hipotecas de las viviendas, si dejarlas privadas, estatales, o mixtas. El Banco Federal de la Vivienda será objeto de reformas y cambios legislativos, para reconvertirlo como institución más eficiente y segura.

No caben dudas, que con el ascenso de Barack Obama a la Presidencia comienza una nueva etapa o ciclo de la política norteamericana. Su visión de reformas es fresca y esperanzadora para un pueblo que ha visto su estabilidad y progreso sacudido por una inesperada crisis económica. Su lema ha sido crear esperanza y confianza en la renovación del ideario económico y social de la nación. Se le reconoce como un hombre pragmático rodeado de experimentados economistas y funcionarios  de la época de Bill Clinton. Obama tendrá la facilidad de conectarse bien con los líderes de la Unión Europea, como Sarkozy, Brown, Merkel y Zapatero y otros.

Deberá dirigir y coordinar un nuevo sistema monetario internacional, con nuevas reglas y normas propias de la época y en la coordinación conjunta de planes de estímulos y medidas económicas y monetarias. El presidente Obama convocaría para una Cumbre Presidencial, con el G-8 y el G-20 como mínimo, para rediseñar la política económica que saque a Estados Unidos y el mundo de la recesión y frustración existente. Se espera un cambio favorable de la diplomacia de un Gobierno de Obama y de la Secretaria de Estado Hillary Clinton, hacia Europa en una redefinición de sus Alianza, objetivos y equilibrio.

La política exterior hacia otros regiones es de esperar que experimenten algunos cambios, aunque no creo que muy profundos en su substancia, aunque sí de forma y estilo. Él tendrá igual una sensibilidad especial hacia los graves problemas humanitarios y políticos del Continente africano, de donde es su padre. Hacia la América Latina tendrá una visión más comprometida con el progreso y el mejoramiento social y más tolerante con el pluralismo de la región, pero no se espera cambios profundos en su política hacia el Hemisferio. Respecto a la política hacia Cuba, se espera ciertos cambios de estilo y de flexibilidad en temas de viajes, remesas y comercio humanitario, pero no parece comprometido con levantar el embargo. Personalmente desde hace treinta años estimo que los Estados Unidos deberían levantar el embargo de manera unilateral, pues serviría pata demostrar su nueva apertura y hacer una glasnot y además le eliminaría la excusa o chivos expiatorios de los fracasos de Castro y su fallida revolución reaccionaria. Además, de hecho el embargo no existe en la práctica, pues todos los países comercian e invierten en Cuba.

Hacia Irak, Afganistán y el mundo árabe, Obama definirá un nuevo curso de acción, tal como esbozó en la campaña. Está comprometido con sacar las tropas  norteamericanas en un plazo relativamente corto, pero firme y escalonado y de dirigir la lucha contra el terrorismo en Afganistán. No obstante, me parece que por los dos primeros años, la atención principal del nuevo presidente Obama será, implementar la agenda doméstica de reformas y recuperación económica y creación de empleos. Sus problemas y objetivos a corto plazo son nacionales, son internos, de tipo económico y social, y en determinadas regiones del mundo en el campo del terrorismo, el tráfico de drogas y la seguridad nacional. Los desafíos de Barrack Obama son inmensos y amplios, así como sus oportunidades.

Creemos que Estados Unidos tiene una enorme capacidad de reciclarse y renovarse. Su avanzada democracia cada vez más plural y las ideas de una nueva generación es sinónimo de cambios y de reformas. Barack Obama representa un nuevo liderazgo en la potencia más grande mundo. Es de esperar que Obama y su equipo de Demócratas logren despertar a la nación y reorientar su política y su destino en un mundo más complejo y multipolar. Los planes económicos presentados al país para salir de la recesión representan un nuevo modelo y paradigma. Ahora tendrá que liderar con prudencia y liderazgo a la clase política y la empresarial, pues algunos sectores le tendrán miedo al cambio de filosofía y el alcance y magnitud de las medidas. Pero a la vez hay analistas políticos y economistas que estiman que su plan es todavía limitado.

Los norteamericanos y el mundo esperan con grandes expectativas mucho del presidente Obama y su flamante Administración, y quizás esto será un problema para él en el futuro. Expectativas grandes, frente a problemas agudos a corto plazo. Tiene por eso  que manejar con tacto a los Republicanos en el Congreso para conseguir la aprobación de sus medidas económicas y su agenda de cambios institucionales y también deberá mantener la alianza con las distintas tendencias del mismo partido Demócrata. Con nuevos y grandes retos y problemas, lo cierto es que Barrack Obama se ha convertido por el momento en un portador del cambio y de esperanza. Su mayor desafío es cumplir con los anhelos y deseos de sus ciudadanos y lo que el mundo espera de él y su Gobierno. Todo indica que los objetivos y programas tiene el suficiente consenso pata triunfar. Pero debe moverse rápido en buscar el apoyo del pueblo norteamericano y del Congreso en aprobar con urgencia su Plan de Estímulo Económico. Ese es su primera prueba de fuego. Tiene que aprovechar la gran oportunidad y popularidad que tiene.

27 de enero de 2009

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