ÉXITO CUMBRE DEL GRUPO DE RÍO, SOLUCIÓN Y GRAN ROL DE LEONEL FERNÁNDEZ

La comunidad hispanoamericana se dio cita el 6 y 7 de marzo en Santo Domingo, en ocasión de la XX Cumbre del Grupo de Río. Se reunieron los Presidentes y Jefes de Estado y Cancilleres de casi todos los países del Hemisferio. La reunión fue presidida por el anfitrión, el presidente dominicano Leonel Fernández.

El final exitoso de la reunión el viernes en la tarde se debió en gran parte por la hábil, sutil y conciliatoria posición de arbitraje y alta diplomacia del gobernante dominicano. La prensa latinoamericana entera le ha reconocido este papel de negociador tan equilibrado y exitoso.

El presidente Chávez también ayudó con un estilo más flexible ayer en la tarde y su reclamo amistoso a bajar los aires caldeados y propiciar un nuevo clima más propicio a la conciliación también fue muy útil. Los presidentes Uribe, Correa y Ortega jugaron un papel más conciliatorio en la jornada de la tarde, después de una mañana cargada de acusaciones y recriminaciones. Los presidentes de México y Argentina también aportaron posiciones legales muy atinadas e hicieron un llamado a la concordia. Para el bien de toda la América.

Leonel Fernández le captó la seña al presidente Chávez y actuó con brillante éxito al proponer una solución pacífica, darse todos unos abrazos y buscar la solución del impasse fronterizo bilateral siempre por la vía legal y conciliatoria, como también apoyaron México, Argentina, y los demás presidentes de las naciones hemisféricas.

Por su éxito Leonel Fernández fue elogiado por todos los presidentes y el presidente de México declaró a Santo Domingo ayer, Capital de la Paz Latinoamericana. Algo que todo dominicano se debe sentir muy orgulloso, por el país y por nuestro gobierno.

En esta Cumbre Leonel Fernández se consagró como un estadista Continental. Lo que estaba pautado ser una reunión normal con una agenda definida previamente, fue totalmente cambiada por el conflicto surgido entre Colombia y Ecuador, y después ampliada la crisis con la intervención y denuncias del presidente Chávez de Venezuela y el presidente Ortega de Nicaragua, quienes defendían la posición de Ecuador y de su presidente Correa.

La crisis surgió de la intervención militar unilateral de Colombia al entrar dos kilómetros adentro del territorio ecuatoriano sin permiso del gobierno, en indiscutible violación del Derecho Internacional y el Derecho Interamericano, para combatir y eliminar al número dos de la FARC colombiana, Raúl Reyes, quien murió junto con cerca de veinte. La FARC tiene azotada a Colombia por más de cuarenta años con asesinatos, bombas a inocentes, miles de secuestros, más de 40,000 muertos, terrorismo, trasiego de drogas y una violencia sin fin ni propósito político ni social. La violencia por la violencia ciega.

Era evidente que el presidente Uribe sabía lo que estaba haciendo y del peligro internacional de su acción, aunque desde su punto de vista era indispensable para capturar o eliminar físicamente a la guerrilla terrorista que había cruzado la frontera a territorio ecuatoriano. El presidente Uribe adujo la falta de cooperación de sus vecinos en la lucha contra fuerzas armadas ilegales y que por eso bombardeó el foco guerrillero sin la autorización del gobierno ecuatoriano. Acusación que el presidente Correa negó en la reunión.

Antes de la Cumbre de Río, se había reunido tres días antes, la Asamblea de la Organización de Estados Americanos (OEA), en donde los Cancilleres y Embajadores conocieron la aguda denuncia de Ecuador y la posición colombiana.

En este conflicto, llamó la atención la beligerancia del presidente Chávez, quien no era afectado ni su país ni él, y el movimiento de tropas venezolanas que desplegó hacia la frontera colombiana. Nicaragua siguió el mismo paso que Venezuela. La crisis comenzó a tomar un giro militar de posible combate.

Naturalmente, Colombia había violado la ley y tenía que ser sancionada por la OEA, pues con su acción cayó en la ilegalidad jurídica internacional, sea por el propósito que fuera. Eso lo admitió el gobierno colombiano y el propio presidente Uribe. Era el precio a pagar por su incursión militar.

Personalmente, creo que hubo mucha exageración y emocionalismo al principio, y que no era verdad que por un incidente fronterizo, las naciones suramericanas se irían a una guerra abierta. Eso era claramente una exageración. Se mezclaron objetivos políticos y agendas propias con un problema fronterizo bilateral, que nunca debió pasar, pero como sucedió tenía o podría tratarse de buscar soluciones de otra manera más diplomática y menos política. La vía diplomática y de la negociación multilateral.

Pero el Hemisferio está complicado con agendas e intereses muy desiguales y, a veces, pese a la retórica de buenas intenciones, varios países están en conflicto y existe mucha desunión. La América tiene que buscar más sinergias realistas y menos puntos conflictivos de supuestas izquierdas inexistentes o trasnochadas.

La acusaciones mutuas llegaron muy lejos, hasta lo más personal entre los gobernantes de los países involucrados. Parecía todo un exceso, un espectáculo sobredimensionado, muy cargado de la emotividad tradicional de nuestro carácter latinoamericano.

La OEA comenzó a bajar las tensiones al aprobar una Resolución que condenaba la intervención militar colombiana en territorio ecuatoriano y demandaba el respeto a la integridad física de las naciones. La OEA hizo lo correcto. Comenzaba ahí el juego de la solución diplomática. Ambas partes comenzaron a abrirse y apoyaron a la Resolución de la OEA. La próxima cita vino oportuna con la Cumbre del Grupo de Río en Santo Domingo.

Los Cancilleres se reunieron el jueves para revisar la agenda y el borrador de Comunicado llamado, la Declaración de Santo Domingo. El Canciller dominicano Carlos Morales Troncoso trabajó arduamente y con gran tacto fue también una pieza del éxito de la reunión. El presidente Fernández se reunió con los protagonistas en privado antes de una cena oficial en Palacio Nacional y en reuniones bilaterales. Se movió muy bien para adecuar las fichas.

El viernes 7 de marzo se reunieron los presidentes y jefes de Estado de la Cumbre. La mañana del viernes fue de ataques, acusaciones, insultos personales, y contraataques. Aunque hubo tensiones y excesos, lo importante era que estaban sentados en la misma mesa y dialogando. En la tarde comenzó a cambiar el ambiente.

Después de largas exposiciones del presidente Uribe y Correa se notaba el comienzo de otro clima. El presidente Uribe pidió disculpas al presidente Correa y al pueblo ecuatoriano y explicó las razones de sus acciones. Se comprometió a nunca más invadir o entrar en territorio de un país vecino. El presidente Correa aceptó las disculpas.

Minutos antes el presidente Chávez, al abordar su turno, pidió reflexión, pidió apostar por la paz o, de lo contrario, podría devenir una guerra. Evidentemente el presidente Chávez contribuyó con su llamado a cambiar la tónica y a que se buscara una solución pacífica, diplomática y sin pasiones. Chávez había cambiado. No era el Chávez de dos días atrás. Ya no era el fustigador. Un cambio oportuno y certero.

Ahí es cuando el presidente dominicano le toma la palabra al presidente Chávez en una hábil maniobra amistosa y cordial, y conjuga que apoyaba la exhortación de Chávez de apostar por la paz, y si Uribe había pedido disculpas a Correa y Ecuador y si el presidente Correa las había aceptado, entonces, estaban las condiciones para ahí mismo, esa tarde, declarar por la solución pacífica entre países hermanos, darse todos por disculpados y pidió que los protagonistas Chávez, Uribe, Correa y Ortega se abrazaran en un gesto de solución latinoamericana.

Fue aceptada la moción del presidente Fernández, y todos vimos en televisión como el presidente Uribe se levantó y fue de asiento en asiento dándoles el abrazo fraterno a los demás presidentes involucrados. Con estos abrazos se selló el compromiso de paz, a través de soluciones pacíficas por los canales legales y diplomáticos y de mantenerse todos unidos. Fue algo emocionante.

Vendrán días de observaciones, investigaciones y negociaciones más prácticas, pero ya dentro de un clima distendido y diplomático, sin la amenaza de un Continente dividido o países hermanos en guerras fronterizas. Sería bueno reducir la tónica ideológica y respetar el pluralismo democrático por lo que tanto han luchado los pueblos de América. Es hora de trabajo y menos retórica. Pero en Santo Domingo se logró desactivar una posible confrontación bélica.

Todos los presentes aplaudieron y dieron una prolongada ovación y se congratularon por el éxito de la reunión y el gran liderazgo exhibido por el presidente Fernández. Leonel Fernández se consagró como un estadista del Continente. Su triunfo es el triunfo del país. Una vez más quedó demostrada la capacidad negociadora del presidente Fernández, su cultura, su habilidad política y su alto sentido de conciliación y prudencia.

Ningún otro de los Candidatos presidenciales dominicanos, podría haber realizado un papel semejante en una Cumbre tan delicada como esta del Grupo de Río. Por eso se necesita un estadista que maneje bien y con experiencia la gobernabilidad interna y las relaciones internacionales. Felicitaciones, pues, al presidente Leonel Fernández y su equipo de la cancillería. Enhorabuena.

8 de marzo de 2008

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